De afuera se debe ver bien, sería interesante saber a dónde la tiene que llevar.
Probablemente en su rostro él deba reflejar el dolor de estómago que hace que se quiera doblar,
o el dolor en su espalda que hace que no se quiera levantar.
Probablemente, sí, quizás, sería una historia bella que haría emocionar.
Pero qué pasaría con los personajes entre tanto malestar? No olviden que no son actores, son personas de verdad.
Ya hubo un principio, un conflicto y ahora llega el final, la estructura perfecta para cautivar al que se sienta a espectar, pero es tan imperfecta al que le toca interpretar el rol que decide cuándo parar.
Probablemente, si, quizás, sería un poco justo dejarlos olvidar, que se den un fuerte abrazo y todo vuelta a empezar, pero no. No es probable, no hay quizás, él ya está roto y ahora se tiene que armar.
En semejante infierno tratar de enseñar, que las llamas que arden no son esas de verdad, son las que arden dentro y no te dejan descansar, solo las que un par de pastillas pueden amainar.
No se enojen con él, no tuvo la culpa de lo que acaba de pasar, siente miedo, siente soledad.
Probablemente, sí, quizás, ella también lo sienta pero nadie sabe quién siente más.
Sería una linda historia para narrar, sino fuera porque las palabras están dejando de brotar, las lágrimas ruedan más rápido que la cinta, ya no se puede grabar.
Las luces se van apagando, se está dejando de filmar.
Los actores se retiran sin saber cuando será, que su historia perfecta se vaya a estrenar.
Ya no hay luces, ya no hay acción, ya no hay palabras para esta sensación.