De chicos no nos imáginamos lo que nos depara la vida, solo soñamos con capas, risas y juguetes.
Algunos sueñan con ser policías y ayudar a la sociedad, otros veterinarios y ayudar a los animales, algunos más fantasiosos sueñan con ser astronautas. Pero nunca soñamos con ser grandes personas.
Todo se resume en juguetes, recreos y golosinas; lo único que importa son las cinco de la tarde para tomar la chocolatada y ver tus dibujitos favoritos.
Debe de ser algo así nuestra infancia, no recuerdo mucho, tuve que crecer de golpe.
Haciendo memoria me acuerdo de que un regalo era el mejor, que la ropa no nos gustaba y que nos la arreglábamos con cualquier cosa, sea lo que sea, no importa, todo servía para divertirnos y hacernos sonreír.
Luego saltamos a la adolescencia, la etapa más conflictiva para nosotros y para nuestros padres, conocemos los placeres más pecaminosos, y vivimos sin importarnos el mañana -conozco varios adultos que viven igual-, creemos que podemos contra todo, que las sabemos todas y que nada nos puede sorprender, que el peligro es diversión y que el que está más loco la tiene más clara, no valoramos el amor, y un par de cosas más. Pero no todas las adolescencias son así, yo me imagino que algo así debe ser una adolescencia normal, no como la mía claro, pero normal en fin.
Y como siempre digo, la vida a veces no es una película, o por lo menos no una en la que el final siempre sea felíz, solo depende de nosotros tomar un punto para analizarlo, quizás de tanto ver películas y series creemos que el mundo es así o que por lo menos puede ser así, que siempre habrá una solución y que todo estará bien; que los protagonistas salen ilesos y que los malos siempre terminan mal.
Ahora es todo mucho más complicado, supongo que ya atravesé las dos, aunque a veces siento que no, que solo estoy cursando las dos etapas y aprendiendo lo más que puedo, día a día, resolviendo problemas al azar y a los tumbos una vez más, mi idea no es hacer poesía, pero si vivir la vida, y si en el medio me sale algún verso, buena suerte, no es perverso.
Se complica pero se resuelve, y así va pasando el tiempo, entre alegrías y risas hay llanto, y que todo sea tan solo la mitad de lo que va a venir me asusta, pero aún así respiro, y vivo.
Sonrío, y vivo, sonrío y brillo, estoy listo para cualquier cosa, porque la vida si bien no es color de rosa, nadie puede negar que es hermosa, y quizás no en este lugar, pero siempre el sol saldrá y acariciará nuestros rostros una vez más, trayéndonos paz, alzándonos en un trance de tranquilidad, solo hasta que llegue la verdad lista para golpearnos con un poco de realidad. Creo que no se puede soñar hasta dormirse, y hay que dormirse para despertar, así que por qué no me echo a jugar y espero que llegue el tiempo de crecer y madurar, pero aquí está, y no pude ni disfrutar aquellas tardes donde todo era sobre el bien y el mal, lo bueno era bueno y lo malo bien malo, y ahora lo bueno es malo y lo malo es peor, que loco que se volvió todo.
Ya no soy un niño y nadie me tendrá compasión como tal, así que me pondré mi traje de adulto e intentaré pasar desapersivido en un mundo un tanto despiadado donde puedo encontrar lo que necesito para brillar, un poco de amor, mimos y un par de sonrisas para después.
Eso es crecer, en pocas palabras, en pocas sonrisas y en pocas tristezas, eso es crecer en poco tiempo, o quizás en un poco más...
15.9.11
Otra mirada al mismo mundo donde vos vivís...