Desde que nos despertamos elegimos seguir durmiendo o que empiece nuestro día, creo que ya nos podemos ir dando cuenta de la cantidad de decisiones que tomamos en un día.
Pensar que, una de esas decisiones que tomamos, nos pueden marcar para siempre, un negocio, una accion, una palabra que elegimos decir puede cambiar todo. Claro está, que para apoyar esta teoría debemos creer que el destino no existe y que la vida es causa y efecto, ya que, si hacemos x cosa, vamos a tener x cosa a cambio, y no que x escribió cómo iba a ser nuestra vida, qué nos iba a tocar, qué nos iban a quitar, etc.
Hay dos formas de tomar una decisión, fría y de forma calculada, o en caliente e irracionalmente (claro está que irracionalmente es en su forma literal, es decir, sin usar la razón); esto quiere decir que hay dos campanas que escuchar, la de nuestro corazón (o instintos) y la de nuestra cabeza (la razón), creo que para las diferentes magnitudes de las consecuencias y causas de la toma de decisiones, debemos usar una u otra, pero creo que la mejor forma de tomar una decisión es combinar ambas dos en su justa medida.
Una vez me dijeron que un buen líder es aquél que toma decisiones correctas, en el momento indicado y preciso, que sabe desarrollar su accionar frente a "x" estímulo en función al resto de su grupo. Así que me voy a quedar con eso para toda la vida y les dejo unas palabras al respecto: