10.2.12

Recien salgo del subte, hoy me paso algo que no suelo ver.
Un chico de no más de 30 años, pidiendo. Claro que dicho asi suena algo común, que por desgracia pasa todos los días... Pero esta vez fue diferente, ya que, no suelo darles dinero, debo admitir que soy un tanto desconfiado, la mayoría los usa para comprar drogas o alcohol; pero él no, o por lo menos el no parecía. Su discurso fue una mezcla entre moral y superación con algo de tristeza y agradecimiento. No acuso ninguna enfermedad, ni discapacidad ni hijos ambrientos, solo él y dos necesidades básicas; una cama y una ducha. No pidió comida, ni dinero, solo ayuda; un trabajo, un refugio, unas palabras o una sonrisa.
Estoy acostumbrado a que me pidan dinero, no porque tenga mucho, sino porque hay mucha pobresa, acostumbrado también a todas las otras cosas, pero ¿A una sonrisa? ¿Palabras de aliento? Definitivamente no, no es cosa que se pida seguido, de hecho, conozco pocas personas que lo pidan pero conozco muchas que las necesitan.
Pero al parecer, él las necesitaba más que nadie, es más, al hacer el pedido sonrió; me llamó mucho la atención. Al terminar, por primera vez todo el vagón le dio monedas, y después de mucho tiempo le volví a dar dinero a alguien, ya que siempre preferí comprarles comida o algo para tomar.
Sigo pensando en ese chico, en su noche. Mientras yo duerma fresco y cómodo, él quizás esté en la calle o con suerte, consiguó un lugar para dormir o una palabra de aliento.
Ese momento me hizo un click, algo de lo que dijo me hizo tomar conciencia, un poco más profundo, vivimos preocupándonos y pidiendo cosas que no son vitales, que nos traten mejor, que nos den más atención o simplemente nos quejamos porque viajamos mal. Ellos no, no piden que los traten mejor porque ya están resignados y no esperan nada de nadie, no esperan atención porque todo el mundo los ignora o se aleja, deambulan como sombras por la ciudad, no se quejan de los aumentos o de lo mal que viajan, porque no tienen rumbo ni lugar a donde ir... Y él, solo pedía unas palabras de apoyo con una sonrisa.
Quice hacerlo sentir mejor, ya que siempre tengo consejos para todo el mundo, pero ¿Qué le podía decir a alguien con esa vida? Si yo nunca viví nada parecido... Y no pude decirle nada, no tuve palabras de aliento; me congelé. Se me ocurrió darle dinero ya que él quería dormir en algún lugar y bañarse, pero me imaginé que no se debe sentir bien vivir de la lástima y la gentileza, por lo que le dí el dinero y le pedí las estanpitas que tenía, esas que según él le da la iglesia de forma gratuita para que las venda o las de a voluntad... Esas estampitas que para mi no significan mucho más que arte y creencias que no poseo, pero que desde hoy simbolizan ese momento, esas palabras de aliento.
Recuerdo que dijo que en la iglesia le dan de comer y ropa que reciben de las donaciones, lo recuerdo porque le pregunté dónde quedaba tengo pensado donar varias cosas que puedo usar y que podría esperar a que se destiñan o deformen, pero no, esas personas justamente son personas, y si a mi no me gusta vestirme con ropa en mal estado, imagino que a ellos tampoco.

A veces una sonrisa y unas palabras de aliento nos hacen pasar una noche mejor, y no hay cosa material que lo reemplace. Tenemos que aprender a querer lo que tenemos, y no desear tanto cosas materiales como ese chico deseó una sonrisa y unas palabras de aliento, porque esas dos cosas valen mucho más...
Espero que este pensamiento me dure y se contagie, mi objetivo no es lograr conciencia social, ni ayuda comunitaria; solo contar un pensamiento.


Otra mirada al mismo mundo donde vos vivís...

Ya escribí...

Gente que lee...