Puede que no lo creas pero me haces bien, puede que no lo entiendas, yo también.
Es raro, lo sé, dos extraños que hoy juegan amarse y lo hacen bien.
Y no es que no crea, solo me cuesta confiar, mucha gente supo traicionar a aquél confiado que solo quería ayudar.
Y todo empieza con una ayuda, luego pasa a ser necesidad, luego se transforma en esa droga tan difícil de dejar. Es así eso del amor, lo que te dicen, lo que te cuentan, siempre lo relacionan con una adicción. Créanme que yo las conozco, y no es ninguna bendición esa comparación, lejos de ser acertada demuestra la sensación de posesión que se produce cuando se apaga la pasión.
Y es que claro, todos somos libres cuando somos fugaces, cuando somos una noche, una mañana o un vino, pero a veces es el destino el que te hace quedar un rato más, no sabes donde estás parado, cuidado con donde pisas.
No sea cosa que te enamores y te empieces a drogar, no hay droga más peligrosa que la que aparece cuando empezas a amar.