No solo los edificios pueden derrumbarse, ya que nosotros también nos podemos derrumbar, podemos ir cayéndonos a pedazos y que nadie lo note.
Poco a poco, nos vamos perdiendo en nosotros mismos, poco a poco no vemos una salida ni encontramos una solución a lo que nos aqueja y lastima sin razón.
Se puede decir que nos derrumbamos cuando nos faltan las ganas, de comer, de hacer algo, de escuchar, de hablar, de sentir, de todo… Cuando se nos van las ganas de estar presentes, cuando tan solo queremos tirarnos un rato a descansar y esperar que todo pase.
Creo que cuando nos derrumbamos, necesitamos a alguien que nos dé una mano, que nos ayude a reconstruir el imperio que alguna vez existió, o tal vez no, y tan solo necesitamos que nos ayuden a poner un par de ladrillos en su lugar para que volvamos a estar bien, o por lo menos, para que no haya escombros nuestros por ahí y para que no seamos ruinas de lo que solíamos ser.
Por más que ya nos hayamos derrumbado, siempre hay tiempo para volver a construirnos, a armarnos y es más, siempre estarán ahí nuestros cimientos para cuando decidamos reconstruir lo que alguna vez se derrumbó.